jueves, 19 de octubre de 2017

Lo de Cataluña. Lo de España.

El otro día hoy sentenciar a un corresponsal extranjero, que desde fuera de nuestro país todo el tema de la crisis catalana parecía una cosa de locos.

Bueno, mas bien de psicoanálisis, pensé yo después de un rato.Porque de alguna manera me dí cuenta de que las enseñanzas del psicoanálisis pueden ser de cierto valor para ser aplicadas en este caso.

Los maestros de esta disciplina, que yo conozco nada mas que porque soy muy leído, nos enseñan algunas cosas útiles. La enseñanza central, en el núcleo de todas sus ideas, es que lo reprimido vuelve.

Lo reprimido, vuelve. Lo reprimido siempre vuelve, y vuelve para condicionarnos en nuestra personalidad (individual o social; Freüd o Jung) Para condicionar nuestra vida y nuestro futuro. No soy historiador, pero creo poder decir que el llamado "problema catalán" lleva planteándose en los mismos términos por lo menos desde el siglo XIX. Y para afrontarlo las mentes lúcidas que nos gobiernan siempre han optado por la misma estrategia: reprimirlo. Y claro, acaba volviendo. .

Los maestros del psicoanálisis también nos explican los motivos que suelen llevar a la represión de un problema, en lugar de afrontar su solución. Se trata de una estrategia de negación de la realidad, que es sustituida en la mente del paciente por una realidad falsa e idealizada. En nuestro caso, a la realidad idealizada que sustituye a la verdadera, le hemos puesto un nombre relativamente moderno: le llamamos franquismo, pero seguramente es mucho mas antigua y hunde sus raíces en un pasado glorioso e imperial. El franquismo simplemente la consolidó, le puso símbolos y lemas.

La realidad idealizada tiene un peligro muy fuerte, y es que resulta muy atractiva y además suele tener una fuerte coherencia interna, por lo que el paciente puede defenderla con argumentos lógicos. En España, efectivamente, hemos educado a los ciudadanos para que odien su realidad y la sustituyan por esa otra realidad idealizada. Quiero poner un ejemplo de lo que estoy diciendo, y para ello voy a recurrir a un eslogan que se hizo popular hace unos años, aunque parezca chusco y poco representativo. Me refiero a aquella frase que repetían muchos: "Pujol, enano, habla castellano".

Aunque parezca poco representativo, el problema de la catalanofobia (esa parte de la realidad que rechazamos) se centra de forma importante en  como hablan los catalanes. Educamos a los españoles para que odien su realidad, la realidad de su país. Los catalanes hablan catalán, y eso forma parte de nuestra realidad, de la realidad de España. Y educamos a nuestros ciudadanos para que la odien. Es un error muy grave, claro, porque la realidad siempre tiene razón. Y aunque la reprimamos, vuelve. Siempre vuelve.

Es posible que, a pesar de todo, algunos prefieran mantener el problema reprimido antes que afrontarlo, pero los maestros del psicoanálisis nos advierten que esto encierra otro peligro. Si tardamos demasiado tiempo en afrontarlo, el problema puede volverse estructural, que significa que el problema puede crear su propia falsa realidad, su propia realidad ideal. Cuando eso ocurre, la mente del paciente está entonces cerca de la rotura total e irreversible.

Me temo que en España nos encontramos ahora en este punto. El problema se ha hecho fuerte, ha adquirido entidad propia y ha creado su propia realidad, tan falsa, coherente y atractiva como la del propio paciente. De ser así, nos encontramos ante una de las últimas oportunidades para resolverlo. Los maestros del psicoanálisis también nos dicen como hacerlo. La herramienta para tratarlo se llama diálogo. Diálogo entre el paciente y su problema, que no otra es la estrategia del psicoanálisis desde que se inventó. El diálogo es doloroso, ya lo advierto, porque requiere abandonar posiciones confortables, ideales, para afrontar una realidad que desagrada. Pero es lo único que queda. La vía de la represión del problema está cerca de agotarse. Queda afrontar la solución, o que nuestra mente se rompa definitivamente.